Érase una vez un príncipe al que le gustaba mucho ir
a caminar por el bosque, un día durante su paseo se llevó una sorpresa al
llegar al río escucho príncipe, príncipe, ....
El príncipe miraba hacia todos los lados sin ver a
nadie, hasta que de pronto vio como una ranita le hablaba y le dijo ¿Qué
quieres ranita? ¿Eres tu quien me hablas?
La ranita muy contenta al saber que la había escuchado
saltaba de la felicidad: Sí príncipe he sido yo la que te ha llamado, quería
hablar contigo.
El príncipe muy sorprendido por lo que le había
dicho la rana se sentó en una piedra que había en el borde del río y le dijo: Pues
nada ranita, dime lo que quieras que yo te escucho.- Sonrió él.
La ranita sonrojada empezó a hablar: Príncipe, ¿por
qué vienes todos los días al bosque?
Entonces el príncipe le contó que le gustaba
pasear, ver las flores, sentir el ruido
del río al caer el agua,... que le relajaba y conseguía que se olvidase de los
problemas.
La ranita preocupada le preguntó: ¿Qué te preocupa?
¿A lo mejor te puedo ayudar?
Entonces el príncipe con cara de pena le dijo: ¿Conoces
a alguna princesa con la que me pueda casar?
Y la ranita le contesto: ¡Claro que sí! ¡Yo soy una
princesa! Dijoe contenta.
El príncipe entonces la miro de arriba abajo, y con
cara de incredulidad le digo enfadado: ¿Por qué me mientes tú no eres una
princesa, solo eres una rana?
Entonces
la ranita comenzó a llorar y le conto su historia... ella era una princesa de
un reino vecino pero que su madrastra por envidia la había convertido en rana
con un conjuro y que no sabía que tenía que hacer para volverá ser como antes.
En ese momento el príncipe le dijo tengo una
idea.... ¿y si probamos la solución que pasa en todos los cuentos?
La ranita sorprendida preguntó ¿cuál es esa solución?
El príncipe le contó que en los cuentos que él había
leído las ranas siempre se convertían en príncipes cuando las princesas le
daban un beso y que si hacían lo mismo con ella a lo mejor se deshacía el
hechizo. Así que le dijo que si quería él le daba un beso para hacer la prueba.
La ranita le dijo que le parecía bien su idea, podía
probar a ver si el hechizo se acababa. El príncipe cogió a la ranita en su mano
y le dio un beso. En ese momento la ranita empezó a crecer y crecer y
crecer.... y se convirtió en una preciosa princesa de la que el príncipe quedo
totalmente enamorado. Le pidió que se casara con él y vivieron felices y
contentos.
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