jueves, 4 de abril de 2013

El príncipe y la ranita.


Érase una vez un príncipe al que le gustaba mucho ir a caminar por el bosque, un día durante su paseo se llevó una sorpresa al llegar al río escucho príncipe, príncipe, ....
El príncipe miraba hacia todos los lados sin ver a nadie, hasta que de pronto vio como una ranita le hablaba y le dijo ¿Qué quieres ranita? ¿Eres tu quien me hablas?
La ranita muy contenta al saber que la había escuchado saltaba de la felicidad: Sí príncipe he sido yo la que te ha llamado, quería hablar contigo.
El príncipe muy sorprendido por lo que le había dicho la rana se sentó en una piedra que había en el borde del río y le dijo: Pues nada ranita, dime lo que quieras que yo te escucho.- Sonrió él.
La ranita sonrojada empezó a hablar: Príncipe, ¿por qué vienes todos los días al bosque? 
Entonces el príncipe le contó que le gustaba pasear,  ver las flores, sentir el ruido del río al caer el agua,... que le relajaba y conseguía que se olvidase de los problemas.
La ranita preocupada le preguntó: ¿Qué te preocupa? ¿A lo mejor te puedo ayudar?
Entonces el príncipe con cara de pena le dijo: ¿Conoces a alguna princesa con la que me pueda casar?
Y la ranita le contesto: ¡Claro que sí! ¡Yo soy una princesa! Dijoe contenta.
El príncipe entonces la miro de arriba abajo, y con cara de incredulidad le digo enfadado: ¿Por qué me mientes tú no eres una princesa, solo eres una rana?
Entonces la ranita comenzó a llorar y le conto su historia... ella era una princesa de un reino vecino pero que su madrastra por envidia la había convertido en rana con un conjuro y que no sabía que tenía que hacer para volverá ser como antes.
En ese momento el príncipe le dijo tengo una idea.... ¿y si probamos la solución que pasa en todos los cuentos?
La ranita sorprendida preguntó ¿cuál es esa solución?
El príncipe le contó que en los cuentos que él había leído las ranas siempre se convertían en príncipes cuando las princesas le daban un beso y que si hacían lo mismo con ella a lo mejor se deshacía el hechizo. Así que le dijo que si quería él le daba un beso para hacer la prueba.
La ranita le dijo que le parecía bien su idea, podía probar a ver si el hechizo se acababa. El príncipe cogió a la ranita en su mano y le dio un beso. En ese momento la ranita empezó a crecer y crecer y crecer.... y se convirtió en una preciosa princesa de la que el príncipe quedo totalmente enamorado. Le pidió que se casara con él y vivieron felices y contentos.

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